Solamente hace falta remontarse a los años finales del siglo XVIII y a los primeros del XIX para comprobar que, aún en esas fechas, las costumbres y las supersticiones adquirían rango de ciencia allá donde ésta no podía llegar. Cuando un hombre mordido de la tarántula queda sin movimiento ni conocimiento, se debe buscar a un músico para que pruebe a tocar varios sones hasta que encuentre el que conviene, que será aquél a cuyo ritmo el enfermo empezará a mover los dedos, luego las manos, los brazos y piernas y después todo el cuerpo. En fin, se pone en pie y empieza a bailar aumentando siempre la fuerza y actividad. Hay quien se está, sin parar, bailando seis horas. Luego hay que colocar al paciente en la cama, donde permanecerá el tiempo que se juzgue suficiente para descansar del ejercicio realizado. Después se saca de la cama, se toca el mismo son y vuelve a bailar. Este ejercicio dura, a lo más, seis o siete días hasta que el enf...
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