Corrían los últimos días de junio de 1667 y en la ciudad de Burgos saltaron todas las alarmas a causa de los problemas de salud - con algún que otro deceso- que presentaban los consumidores de tabaco en polvo. Francisco Zárate Ladrón de Guevara, teniente de corregidor de la ciudad, tomó las riendas de la investigación que enseguida produjo resultados. Al parecer, el aspecto del tabaco estaba llamando la atención del personal porque poniéndolo al sol, brilla. Para llevar a cabo las pesquisas se compraron en el estanco de José Abad, cuatro cuartos de tabaco para analizarlo. Francisco Lobo Medrano , médico, y Juan Chapero y Alberto Colomo Laínez, boticarios, hicieron las experiencias y pruebas que son conformes a su facultad y profesión, valiéndose de cocimientos, haciendo infusiones, secándolo al sol y haciendo otras diligencias, de que se reconoció estar con mezcla de tierra con vidrio. Y que haciendo juicio del sedimento que hizo en el agua...
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