Mientras no se invente otro modo de financiar las obras públicas -y parece que, de momento, no hay esperanza al respecto- será el sufrido ciudadano quien cargue con el peso contributivo. En San Juan de Puerto Rico, en 1841 , el templete de la torre del reloj de la Casa Consistorial corría riesgo de desplome y era necesario derribarlo y volver a construirlo. Por otra parte, se pretendía remodelar la fachada del edificio levantando unas torrecillas cuyo coste ascendía a 3.462, 23 pesos (cada peso equivalía a 8 reales o 2 pesetas españolas). No quedaba más remedio que introducir nuevos impuestos. Para costear la construcción del templete se propuso cobrar 4 reales (medio peso, 50 centavos) mensuales por cada casa de teja, tejamaní o azotea...., desde la Puerta de Tierra de la ciudad hasta el Puente de San Antonio; 2 reales por cada bohío de tabla y yaguas y 4 reales a cada individuo que tenga bestias caballares o mulas de alquil...
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