Felipe II sintiendo la cercanía del fin de sus días, en junio de 1598, ordenó ser trasladado a San Lorenzo del Escorial. Era allí donde quería pasar sus horas postrimeras dedicado a ajustar cuentas con Dios orando con tal intensidad que, hasta sus asistentes espirituales, estaban sorprendidos por la capacidad de sacrificio del rey, teniendo en cuenta el dolor y el deterioro físico que sufría. Dos años y medio llevaba el Rey, practicamente, sin poderse poner en pié debido a la gota que padecía. La inflamación de una rodilla era tal que fue preciso abrirsela con grande dolor , mitigado solamente por el efecto de las lecturas religiosas que, a tal tiempo, su confesor recitaba colocado tras la cabecera de la cama . Las manos tenía maltratadas debido a las heridas causadas por el humor de la gota; en algún momento de su larga agonía, tratando de preservar cierto decoro, solicitó se le cortaran las uñas y se le limpiaran la...
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