Desde que el mundo es mundo, siempre hubo personas que destacaron por su inteligencia, dotes artísticas, espiritualidad o cualquier otra aptitud no demasiado común al resto de sus coetáneos. Y digo "personas" aunque hoy voy a referir, en exclusiva, los méritos que hicieron de algunas mujeres una excepción en el tiempo que les tocó vivir. Alfonso V de Portugal y su esposa Isabel, en febrero de 1452, en Lisboa, tuvieron una hija llamada Juana que, desde su niñez, mostraba una profunda religiosidad e inclinación al sacrificio, hasta tal punto de que con estameñas inferiores compradas secretamente, encargó a sus damas que le cosieran túnicas interiores cortas de mangas y angostas, muy incómodas de llevar, para, de esta forma tan peculiar, hacer penitencia. Renunció al matrimonio, escribió (o se le atribuyen) algunas obras llenas de misticismo y decidió profesar en un convento en Aveiro donde fallecería tras una larga enfermedad originad...
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