En alguna ocasión anterior he hecho referencia al triste final del duque de Osuna, Pedro Téllez-Girón , tras su exitosa etapa como virrey de Nápoles (1616-1620). Enemigo declarado de la mentira, aborrecía de tal modo la corrupción en la administración de justicia que, en no pocas ocasiones, se encargó de dictar sentencia condenatoria privando al reo de su derecho a juicio. Era dueño de un abultado patrimonio que le producía cuantiosos caudales y además no escatimaba en gastos cuando la ocasión lo requería. Tenía dos hijos de su matrimonio y varios más ilegítimos, fruto de sus continuas aventuras extraconyugales. En el espacio de los cuatro años que ejerció como virrey de Nápoles, su hija Antonia Téllez- Girón organizaba fiestas con frecuencia. En una de esas celebraciones doce damas danzaban ataviadas con ricos atuendos. Una de ellas era la misma Antonia, cuya fecha de nacimiento desconozco pero, desd...
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