No le sentó nada bien al arzobispo de México Alonso Núñez de Haro que el nuevo virrey, Juan Vicente de Güemes (conde de Revillagigedo ), hiciera caso omiso de la costumbre inmemorial de rendir pleitesía a la autoridad eclesiástica. Aunque en público mantenían las formas, la enemistad solapada entre ambos llegó a oídos de Carlos IV motivo por el cuál, el conde de Lerena pidió al arzobispo, mediante Real Orden, un informe claro y conciso acerca de de la conducta política y moral de Güemes. El 31 de enero de 1792 Núñez de Haro firmaba una larga misiva contestando al requerimiento del rey: El virrey actual, apenas llegó a México, despojó a mi dignidad arzobispal de los honores militares que la Guardia....había hecho a los arzobispos.... cuando pasaban en público con cruz alta por delante de su palacio... Por ostentar autoridad me escasea el virrey las urbanidades acostumbradas....Cree que todo lo puede y en nada encuentra dificultad. En todo q...
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