Francisco de Zúñiga y de Sotomayor, conde de Belalcázar entre otras dignidades, allá por septiembre de 1561 actualizaba las ordenanzas que su padre había redactado para la guarda y conservación de los árboles que había mandado plantar en la villa homónima. Se trataba de una alameda al lado del arroyo de esta villa, desde la pared de mi huerta hasta la pared del molino de Hernán Rodríguez. Primeramente, cualquier persona que cortase por el pie un álamo, sauce u otro árbol de los que están en la alameda siendo de gordor de una cuarta en redondo, pague 1000 maravedís, de manera que 500 de ellos se empleen en obras públicas de la villa y los otros 500 se le den al delator. Si el grosor del tronco fuese menor, pague 500 mar. además, en ambos casos, de cumplir durante seis días pena de cárcel con grillos o cadenas. Quedaba prohibido que entrase a la alameda toda género de ganado. Se establecía la cuantía de las penas en fu...
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