Josefa de Solís , viuda y cargada de hijos , acudía a las autoridades de la capital del virreinato de Nueva España buscando protección porque los veedores del gremio de bordadores le impedían realizar la actividad que le proporcionaba ingresos para sacar adelante a su familia: bordar cortes de zapatos. Era el mes de julio de 1798. En 1784 María Castejón, viuda y vecina de Córdoba, había solicitado permiso para dirigir por sí sola su fábrica de hilos. Y Gertrudis Gutiérrez, en fechas cercanas a la referida, hizo lo propio para poder regentar un negocio de tornos de hilar seda. En ambos casos el rey rubricó una cédula mediante la cuál permitía trabajar a todas las mujeres que quisiesen ocuparse, siempre y cuando la labor fuera compatible con el decoro y fuerzas de su sexo.... Ordenaba dejar sin efecto las ordenanzas gremiales que privan a las mujeres de las ocupaciones y labores propias de su sexo...., para que no vivan ociosas ni care...
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