En 1799, en las inmediaciones de la Isla del Rey, en el gobierno de Panamá, un esclavo negro pescó una perla de grandes dimensiones, de un valor excepcional y con forma de calabaza. D. José Hipólito Bernal y Serrano, Teniente de Dragones y Juez Pedáneo de Panamá, parece ser que pagó una cantidad irrisoria al esclavo, se hizo con el preciado tesoro y lo dejó en depósito en casa de D. Antonio de Narváez Latorre, Gobernador de Panamá. Su intención era ofrecérsela a Godoy (Príncipe de la Paz) para que, a su vez, se la mostrase a la Reina y, si era de su agrado, la adquiriera por su justo precio, en este caso muy elevado, debido a la excepcionalidad de encontrar un ejemplar de tan colosales dimensiones ( su peso era de 56 kilates). Enterado Godoy, ordenó que se enviase la perla a España tan pronto como fuera posible hacerlo de forma segura. Entretanto, el Sr. Narváez apreciaba indicios de delito en la compra que había efectuado Bernal y ordena...
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