Quiero hoy contar una historia cuyos protagonistas eran omañeses que, como tantos otros, se vieron forzados a integrar las levas que habrían de tomar parte en las operaciones bélicas a las que tan aficionados eran algunos monarcas de siglos pasados. Juan Alonso Pimentel y Vigil de Quiñones, conde de Benavente y Luna allá por los años 80 del siglo XVI, recibió el encargo del rey Felipe II de reclutar en sus estados cierto número de infantes para ir a la guerra. Las autoridades señoriales se encargaban de comunicar el real requerimiento a las autoridades concejiles; éstas hacían un reparto según el censo poblacional y comunicaban a los regidores cuántos soldados debía aportar cada lugar. Reunidos en concejo los vecinos de cada pueblo elegían entre los jóvenes, voluntarios o no, aquellos que reunían las condiciones óptimas. ...Y se les nombró por soldados.... El propio común les adelantaba el diner...
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