Sabemos de la pesadumbre que acompañó a Felipe V al morir su primera esposa, María Luisa Gabriela, en 1714. El monarca, de carácter débil y melancólico, se había visto también muy afectado en abril de 1711 cuando su padre fallecía en París de forma inesperada. En ambos casos ordenó programar gran cantidad de actos religiosos por las ánimas de los finados y como homenaje de su real persona a quienes tanto habían significado en su vida. Toda la pléyade de cortesanos que pululaban a su alrededor, además de sentir el dolor por la pérdida, tenían que demostrarlo llevando luto durante el tiempo que el soberano y/o sus asesores estimaran conveniente. Para ello, se señalaron unas directrices de obligado cumplimiento en cuanto al atuendo del personal. El vestido ha de ser de paño, forrada la casaca de cosa de lana, con botones de paño y ojales de lo mismo, no llevando los bolsillos más que tres en cada ...
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