Los religiosos del Convento de San Marcos de León con su Prior a la cabeza se mostraban reacios a admitir presos en sus instalaciones, sobre todo si no pertenecían a la Orden de Santiago Apóstol. Para excusar tal carga argüían razones tan variopintas como la distracción de la clausura o el abandono de su labor espiritual al tener que ejercer de carceleros. Por otra parte, la precaria situación económica, con un empeño de más de 220.000 reales, apenas les permitía el sustento y no quedaba margen para el acopio de ornamentos de sacristía ni, por supuesto, para la manutención de nuevos reos . Además, uno de los claustros, dormitorio, campanario, hospital y casa de recreación están con mucha ruina y conviene acudir a su reparo con brevedad. Todos estos argumentos no lograron convencer a Felipe IV de que no enviara a la prisión de San Marcos a dos canónigos catalanes, el Dr. Magino Puig y P...
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