Catalina Enríquez de Ribera, mujer decidida y de carácter firme, escribía a Felipe III en 1621 una carta atrevida, sin pizca de humildad, casi desafiante. El fin, en este caso, justificaba los medios. Catalina era Duquesa consorte de Osuna, su marido Pedro Téllez-Girón y Velasco, tenía tras de sí una amplia y exitosa trayectoria militar dedicada al servicio de la Corona que, como es de suponer, había tenido sus recompensas. Estaba Pedro Téllez en Nápoles desempeñando el cargo de Virrey desde 1618 cuando se produjo un serio problema diplomático entre la Corona de España y la República de Venecia, cuyas causas no vienen a cuento en este artículo. Hubo revueltas y algunos muertos. El otrora poderoso Duque de Osuna, considerado culpable de instigar el conflicto, fue llamado por Felipe III para que regresara a Madrid y le explicara personalmente lo ocurrido. Pero eso no fue posible porque el Rey fallecía el 31 de marz...
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