viernes, 15 de septiembre de 2017

Habían pasado unos días desde el fallecimiento de Felipe IV. Su heredero, Carlos II  que  apenas contaba cuatro años de edad, debía  "aclamar y levantar" el Pendón Real como todo soberano  tras  ser proclamado.  Con tan corta edad eso no era posible, entonces se acordó que fuera representado por el duque de Sanlucar la Mayor y de Medina de las Torres, uno de los personajes más influyentes en la política de  los últimos años  de Felipe IV.

Así pues, el 8 de octubre de 1665 a las tres de la tarde, se reunieron en el ayuntamiento de Madrid los regidores, convocados con la debida antelación, con D. Francisco de Herrera y Enríquez, corregidor de la villa. No tardó en llegar el duque rodeado de señores, caballeros, títulos y  boato propio de las circunstancias. ....Vino a caballo desde las casas del conde de Oñate...., vestido de chamelote amusco (pardo oscuro) bordado de faja de oro, con botonadura, cadena y cintillo de diamantes, el sombrero con plumas....; en un caballo rucio llamado "el Solitario". No llevaba botas y venía desarmado.

Una vez dentro del edificio consistorial y siguiendo el protocolo, el corregidor le hizo entrega del pendón de damasco carmesí del ancho de la seda y del mismo largo,  redondo, bordadas a dos haces las armas reales de Castilla y León,  de lamas y torzales de oro....sujeto en una lanza de nueve pies de alto con unos cordones y borlas de seda carmesí y oro...El corregidor ordenó a los escribanos mayores del ayuntamiento: ......Denme por testimonio cómo en nombre de Madrid entrego este pendón real al excmo señor duque.....para que le levante por el rey nuestro señor D. Carlos II, que Dios guarde.

Acto seguido, los altos dignatarios, seguidos de un numeroso cortejo, se dirigieron hasta la Plaza Mayor donde, en un tablado de treinta pies de largo y veinte de ancho dispuesto a tal efecto, daba comienzo el ceremonial en el que el rey de armas mas antiguo dijo en altas voces: silencio, silencio, silencio; oid, oid, oid. Y el señor duque, teniendo el pendón en la mano, dijo: Castilla, Castilla, Castilla  por el rey nuestro señor. Y tremolando el pendón tres veces .... respondió el pueblo: amén, amén, amén. 

Y volvió el mismo rey de armas a decir: silencio, silencio, silencio....Así se repitió tres veces.  Luego,   toda la comitiva se encaminó hacia la plaza del Palacio donde estaba el rey niño asomado a una ventana para presenciar el mismo ritual por triplicado que habría de repetirse, una vez más,  en  la plaza del Convento de las Descalzas  y, de nuevo, en la Plaza Mayor donde hubo que iluminar el tablado, en este caso cerrado y alfombrado,  con doce hachas ...por ser ya anochecido. Allí el representante del rey entregó a la máxima autoridad consistorial el pendón.  Los escribanos, encargados de dar fe del acto, hicieron lo propio  a petición del duque: ...Denme por testimonio cómo este pendón real que he levantado por el rey....., le he vuelto a entregar al señor corregidor. Y habiéndole tomado el corregidor en su mano, le subió y puesto en el balcón de la esquina de las casas del ayuntamiento que cae a la plazuela de San Salvador donde está puesto un dosel rico para efecto que el pendón esté, como ha de estar, ocho días de día y de noche con dos hachas, quedando dos porteros del ayuntamiento de guarda.

viernes, 1 de septiembre de 2017

El miércoles 25 de septiembre de 1543 salía de Valladolid la numerosa comitiva que, comandada por el obispo de Cartagena, se dirigiría hacia  el límite entre Castilla y Portugal para recibir a la princesa María Manuela, quien estaba pronta a desposar al  todavía príncipe Felipe II.

El itinerario a seguir era el siguiente: Valladolid, Valdestillas, Medina del Campo, Cantalapiedra,  La Calzada de Béjar, Aldeanueva del Camino, Carcaboso y Puente de Alcántara, que es un río pequeño que divide a Portugal y Castilla.

Precisamente ahí, en medio del puente, la delegación española se encontraba con la princesa y su séquito.  Traía catorce lacayos.......y catorce damas, diez portuguesas y cuatro de Castilla... Venía con S.A. un enano de una estatura monstruosamente breve y con una cara hórrida y grande; vestido (con) un capirote magistral de terciopelo negro, forrado de raso carmesí, con un bonete romano en la cabeza, muy grande  y con una bola amarilla que cubría toda la copa de él. Dicen que es médico del rey de Portugal y muy privado suyo....Venía para servir a la princesa todo este camino y después acordose que no pasase por su "indisposición" y así le sustituyó otro que  ahora sirve en su lugar.

El lujo y ostentación de que hacían gala los jerarcas de la comitiva, miembros del clero y de la alta nobleza, suponía un dispendio económico digno de consideración. Pajes, lacayos, caballerizos, criados,  mozos, meninos y, por supuesto, eclesiásticos, caballeros y nobles,  lucían ropas, libreas y calzas de ricos tejidos de seda, terciopelo, brocado, tafetán, plata y oro. 
Todo esto además del coste del rancho diario de hasta 700 comensales más las caballerías  corría a cargo, en principio, del obispo y de los duques de Alba y  Medina,  a sabiendas de que, en última instancia,  iban a ser  las espaldas del pueblo quienes soportaran la pesada carga.

Un periplo tan largo no estuvo exento de incidentes y anécdotas. Así, yendo hacia Cantalapiedra hay un arroyo que llaman del Ciervo bien lleno de cieno. Queriendo beber un macho de los de la litera en que, a la sazón, iba el obispo, entró tanto por el arroyo y cieno que se sumió del todo sin que de él cosa se pudiese ver; y el agua y el lodo entró a rienda suelta por la litera  y hinchose toda y el obispo salió de ella en hombros de dos lacayos con gran trabajo y alteración...

El día que llegaban a Carcaboso, a instancias del conde de Osorno, recibieron un suntuoso y solemne presente de todo género de volatería..., muchos carneros y cabritos y conejos y liebres y gamos y mucha copia de frutas y pan y vino y cebada.

Desde Puente de Alcántara, ya con la princesa y su séquito,  viajaron a Badajoz, Coria, Aldeanueva del Camino (a una legua de esta población se alojaba  de incógnito Felipe II para conocer secretamente a su prometida), Abadía, Calzada de Béjar, Frades y  Aldeatejada para llegar a Salamanca el 13 de noviembre. La ciudad  sería testigo de los principescos esponsales justo un día más tarde.

viernes, 25 de agosto de 2017

Diego Centeno era acusado por su suegra, Dña María de Castro, de haber muerto a puñaladas a Dña Francisca, su legítima mujer, estando preñada. 
Eran vecinos de Salamanca. El autor del crimen se daba a la fuga ayudado por Juan Centeno (su padre?), Francisco López, Juan Gómez y Juan Díez, su mozo de espadas.

 Al encontrarse en paradero desconocido fue juzgado  en rebeldía y el 24 de septiembre de 1531 el licenciado  Espinar, corregidor y juez de residencia de la ciudad de Salamanca, pronunciaba la sentencia que en 20 de junio del año siguiente era ratificada por el Tribunal Supremo de entonces (Chancillería de Valladolid) y se convertía en definitiva o firme sin posibilidad de apelación.

Tras escuchar los pertinentes testimonios, el tribunal consideró culpable a Diego Centeno de haber dado   muerte segura y alevosamente a su esposa. 
Se redactó una  orden para  detenerlo en cualquier ciudad, villa o lugar donde fuese visto y  conducirlo a la prisión más próxima.   Y de allí sea sacado atados los pies y las manos y el dogal sea atado a dos rocines o yeguas o machos; y por los lugares acostumbrados del tal lugar, a voz de pregonero, que manifieste su culpa. Y  sea arrastrado y  llevado al río o piélago de agua más cercano y metido en un cuero de odre o en un tonel o cuba, y con él un perro y un gato y un simio y un gallo y una víbora .....y echarlo en el hondo de tal río o piélago de agua donde estará hasta que muera naturalmente...Y que nadie sea osado de sacarlo y prestarle ayuda porque será castigado con la misma pena....porque quien tan terrible delito cometió de matar a su mujer preñada, que fue doblado delito,......muera con el desasosiego que dichos animales le darán....

Además se le condenaba al perdimiento de la mitad de sus bienes,  cuyo valor iría con destino  a  las arcas reales. La otra mitad pasaría  a su hija Dña Ana, menor, a quien custodiaba   su abuela materna. 

Al estar desaparecido el reo y no tener la certeza de que la sentencia de muerte fuera ejecutada, el procurador de María de Castro consiguió que el Tribunal de Chancillería le declarase inhábil e indigno de heredar los bienes de su esposa e hija.
 Por desgracia, la pequeña Ana,  de siete años,   fallecía  pocos meses después de ver morir a su madre, antes incluso de que la sentencia contra su padre fuera inapelable y definitiva.

viernes, 18 de agosto de 2017

 
Cierto es que cada país, región, provincia, comarca,  pueblo o familia,  tiene sus propias singularidades y que es interesante cultivarlas sin caer en el fanatismo porque, de no ser así, caminamos  hacia  un punto sin retorno de consecuencias, a menudo, trágicas.

El paso de los siglos ha servido para verificar aquello de que "favor con favor se paga".  Los distintos prebostes de las monarquías europeas   tenían la costumbre de agradecer  con privilegios y exenciones de impuestos los favores recibidos. Esta práctica, tan habitual como poco recomendable, acababa por fomentar una  rivalidad entre  regiones que aumentaba de forma exponencial a medida que  los  " favorecidos" conseguían más y más prebendas,  aunque ya no como pago a sus servicios  sino a su silencio.
Y así hasta que llegaba el momento en que el apetito de la fiera era imposible de saciar y entonces como ahora, pagaban justos por pecadores.

Algo así debió de ocurrir en Francia allá por los siglos XVI y XVII. Los hugonotes gozaban de tantos privilegios que, blandiendo la bandera de  su singularidad, quisieron constituir un estado dentro del Estado, a lo que Richelieu no parecía estar dispuesto. La Rochelle, su principal bastión,  donde ...las mujeres fueros las que más rebeldes y obstinadas se mostraron contra las armas reales.....,se convirtió en  el trágico escenario de un  largo asedio, de más de ocho meses, que finalizaba el sábado 28 de octubre de 1628 con la entrada en la ciudad de las tropas de Luis XIII.   Más de las tres cuartas partes de la población pereció a consecuencia del hambre, unas 17.000 personas.

Después de haber comido los perros, gatos, ratones y lirones.....Después  de haber gastado para su mantenimiento los cueros de bueyes, caballos.......y otros pellejos de diferentes animales....., los cuáles cocían en agua y azúcar. Después de haber acabado las hierbas y raíces, buenas y malas, los caracoles y otras sabandijas, comieron  las botas de camino y los borceguíes....guantes, correas, guarniciones de caballo, .....faltriqueras, pergaminos y papel cocido con un poco de azúcar. 
Algunos dijeron que habían comido una moza de servicio a quien había quitado la vida un balazo. Estando dos muchachos acostados juntos en una cama, el uno comió los dedos del otro que estaba muerto.....

El viernes 27 de octubre, viendo que la muerte los vendimiaba tan aprisa...., se nombraba un grupo de procuradores para negociar con Richelieu la rendición.
Desde entonces, sabiendo S.M. la grande necesidad que había en la villa, aunque ingrata y desobediente, mandó que con toda diligencia les diesen seis mil panes....

Unos pocos días más tarde, limpias las calles de cadáveres e inmundicias, hacía su entrada triunfal el rey en La Rochelle. Las celebraciones  fueron largas y suntuosas, participando lo más granado de la nobleza y el clero francés. La iglesia de Santa Margarita sirvió como  escenario del ceremonial religioso, donde  el Arzobispo de Bordeaux entonó,  en honor de Luis XIII y en presencia de Richelieu,  el Te Deum Laudamus. 





viernes, 11 de agosto de 2017


 Las buenas relaciones políticas y comerciales entre Carlos III y el Gran Turco se hicieron patentes a partir de 1782 con la firma del Tratado de Constantinopla. Muchos eran los temas a negociar y resolver, con lo cuál parecía conveniente constituir comités diplomáticos, si no permanentes al menos periódicos. 

Así las cosas,  en ¿1787?  el marqués de la Mina avisaba al rey del arribo a Mallorca de la embarcación en la que viajaba Alhí Muhamat, gobernador de Pera y consejero aúlico del Gran Señor, quien traía todas las credenciales en orden y solamente debía esperar a que S.M. accediera a recibirlo una vez cumplida la cuarentena preceptiva en el lazareto del puerto.

Considerando que los gastos para el  sustento de la delegación visitante, sin límite de tiempo,  corrían a cargo del país anfitrión, los extranjeros venían cargados de regalos para el monarca y su familia en señal de gratitud.

Alhí Muhamat traía consigo doce dromedarios, que es una especie de camellos  salvo que tienen dos gibas, cargados con dos arcas de cedro, cada uno, forradas de terciopelo leonado....repletas de estofas, paños, especias y aromas de Asia...valorado todo ello en más de 350.000 pesos. Un hermosísimo elefante asiático de 38 años.....tan diestro y bien disciplinado que al son del laud hace en dos pies diferentes mudanzas de baile  turquesco. Para cuidar del  animal venían dos lacayos con sus mujeres e hijos, que todos son bellísimas criaturas. 

Conducen, así mismo, en dos grandes jaulas, dos caimanes del Nilo, fieras jamás vistas en Europa, los cuales, aunque por su naturaleza son feroces, éstos están tan domésticos que se dejan manosear y meter el brazo en la boca. Son muy amigos del hombre, señaladamente de las doncellas con cuya visita braman y se ponen tan encendidos que se puede encender yesca en cualquier parte de su cuerpo;  y si no los dejan ponerse de manos sobre los hombros, lloran como si fueran unas criaturas. Estas lágrimas son muy medicinales, señaladamente para las almorranas, callos y accidentes histéricos.  Su principal alimento es la carne humana y con estos dos sobra para consumir todos cuantos difuntos haya en los hospitales de una ciudad muy populosa. Su excremento es tan fértil....que hace producir el ciento por uno. Afirma el cronista que son capaces, incluso,  de digerir el hierro.  Ambos ejemplares, macho y hembra, miden de largo  15 varas y por lo más ancho tienen el cuerpo de un buey

Pero no acababa  aquí la cosa. Doce caballos árabes con sus jaeces bordados en plata y oro. Con cada uno de ellos viene, también de regalo, un jenízaro, que  es una especie de  soldados valentísimos que hacen vanidad o presumen de vencer a siete hombres regulares...

Y también de regalo para S.M. seis doncellas georgianas, hermosísimas, de 9 cuartas y 3 pulgadas de estatura, vestidas a la persa, la mayor no pasa de 22 años. Muy hábiles, al parecer, en todo género de labor blanca, han tenido el honor de servir a la Gran Sultana algún tiempo, sin otro ejercicio que traerle  las piernas cuando estaba con romadizo.

Para el cuidado de las doncellas vienen doce eunucos esclavos que son capones rasos y  lisos como la palma de la mano, los cuáles, además de servirles de braceros o pajes de esponja, tienen el arte de la música y cantan admirablemente al son de todo género de instrumentos que  igualmente tocan, menos flauta travesera..... 

Ya en la década última del siglo XVIII, reinando Carlos IV, se ultimaban los preparativos para  la llegada del bajá de tres colas (de caballo) Mustafá Eden, embajador del Gran Señor. Viajaba  cargado de regalos para la familia real. Piedras preciosas, una colección de brillantes, entre ellos dos como huevos de pava, animales exóticos tales como 20 mulas atigradas, 20 leones, 4 tigres, un dromedario verdoso, elefantes, pelícanos....formaban  parte del equipaje del embajador.
 A juzgar por el numeroso séquito que le acompañaba, me atrevo a suponer que su estancia en España fuera permanente. 
Más de 340 personas  la numerosa familia, compuesta por sultanas, criados, soldados, letrados, intérpretes, escribanos, cocineros franceses, reposteros italianos, eunucos, cafeteros griegos, médicos ingleses, boticario muy particular......,sin olvidar a 30 concubinas, las 15 de ellas negras para el verano......




viernes, 4 de agosto de 2017

Desde que en  1561 Felipe II trasladó la sede de la Corte a Madrid con el consecuente ennoblecimiento de la villa  - patente en edificios suntuosos, fuentes y salidas de recreación -  se venía considerando  la conveniencia de mejorar el aspecto de la Plaza Mayor  ya  que, por la antigüedad de los edificios, estaba defectuosa.

No era tarea fácil.  Los edificios estaban repletos de vecinos  y la plaza era el mayor centro comercial de la ciudad dónde estaban aposentados tantos mercaderes  que era difícil cosa quitarles sus tiendas, almacenes y sitios convenientes al trato. Además había que considerar la gran costa que era forzoso hacer en derribarla toda junta y volver a edificarla. Hechas las cuentas, se resolvió empezar las obras en 1617. Una vez trazados los planos, se comenzaron a cortar los edificios con tanta brevedad que en muchas casas aún se estaban los vecinos en la mitad y la otra mitad estaba ya cortada...

En el breve espacio de dos años se reedificó de nuevo una máquina admirable, vistosa y rica que no se tiene noticia haya otra en el universo como ella.

Situada en mitad de la villa, algo más inclinada al poniente, se mejoró ampliamente la calidad de las edificaciones con cimientos de entre 30 y 40 pies, pilastras de sillería  con pedestales, basas y cornisas hechas de trozos sobrepuestos  de piedra que llaman berroqueña o de grano por ser llena de manchas negras muy menudas que se trajo de las canteras de Becerril y Cercedilla?, a unas 9 leguas (más de 40 km) de distancia. 

En todo el perímetro se dejaron portales de 14 pies ( de ancho) para hacer paso común del pueblo y para que las tiendas de todas las mercaderías estén debajo cubiertas.

Las casas se construyeron con cinco suelos, contando el del soportal, hasta los  terrados....cubiertos todos de plomo de casi un dedo de grueso con canales maestros de latón. 

Abundante piedra, ladrillo colorado, rejas, barandas y balconadas de hierro, pizarra en el tejado de las torres rematadas con globos grandes de metal dorado y cruces encima, madera de diversas calidades y otros materiales, además, por supuesto, de  la pericia de arquitectos y oficiales dieron como resultado un extraordinario conjunto urbanístico rematado en tiempo record. 

El coste total ascendió a la nada despreciable cifra de 708.500 ducados sin contar las obras de la panadería que costó más de 100.000. Una inversión importante que se recuperaría con el tiempo. Considerando que el aforo total de la plaza se estimaba en 50.000 personas que,  unas con otras, gastarían en ventana, tablado, meriendas y colaciones  unos 10 reales por cabeza, se moverían unas cantidades entorno a   500.000 reales o lo que es lo mismo 45.454 ducados. En cada una de las numerosas fiestas.

lunes, 31 de julio de 2017

En el mes de julio de 1656 la Real Chancillería de Valladolid hacía pública una real  provisión mediante la cuál se ordenaba que también el clero contribuyera a las exhaustas arcas reales. Como era de esperar, a nadie le gusta que le rasquen el bolsillo y la medida causó gran descontento entre algunos Obispos que, capitaneados por el de El Burgo de Osma, D. Juan de Palafox y Mendoza, redactaron y distribuyeron   un memorial muy extenso en el que  argumentaban hasta ochenta y una razones para obedecer y  no cumplir tales ordenes.

De nada serviría un gran ejército para ganar la guerra si no se practicara el culto divino con la decencia que se requiere -aseguraban los prelados insumisos -.  Por otra parte, se preguntaban si  podrían absolver tras  la confesión, sin incurrir en gravisimo pecado,  a aquellos  ministros de  S.M. que eran, precisamente, quienes redactaban  unas ordenes contrarias al privilegio de inmunidad  eclesiástica en materia impositiva.  

D.Juan de Palafox que, por cierto, fue beatificado por Benedicto XVI en 2011,  había sido Obispo de La Puebla de los Ángeles (México), lugar que tuvo que abandonar, al parecer muy a su pesar. Culto, comprometido, influyente  y sin pelos en la lengua, se había convertido en un personaje incómodo para Felipe IV.  

A finales de noviembre del referido año de 1656, viendo el Rey que las aguas del clero no parecían volver a su cauce, dio traslado de una carta-orden dirigida al Corregidor de Soria, D. Alonso Ordóñez?// Martínez? que rezaba tal que así:
Iréis a la parte donde está D. Juan de Palafox, Obispo de Osma, y le leeréis esta carta sin entregársela ni darle traslado ni oirle respuesta. Y la volveréis a remitir habiendo puesto al lado el haberlo ejecutado.

La carta de marras constituye un claro ejemplo de las tensiones Iglesia-Estado que, aunque no demasiado publicitadas, han sido constantes a lo largo de la Historia. Veámoslo.
En un papel que habéis impreso habéis faltado a las obligaciones de ministro y de prelado. De ministro, pues sin atender a las necesidades presentes del reino, os oponéis al alivio de  ellas. Y de prelado, pues suponéis lo que no hay, diciendo que yo he mandado que no se embarace con censuras. Pudiérais  haberme explicado vuestro dictamen en carta privada sin imprimir papel que conmueva los ánimos. Acordaos que cuando vinisteis a España hallasteis quieto el estado eclesiástico. Y de lo que, por vuestro proceder, se inquietó en Indias.
Moderad lo ardiente de vuestro celo, de otra manera pondré el remedio conveniente.
Guardeos Dios. Madrid 28 de septiembre de 1656. Yo, el Rey.