viernes, 18 de mayo de 2018

Las dimensiones del  complejo palaciego del Buen Retiro permitían adecuar espacios para algunas  actividades deportivas y de  ocio cuya práctica estaba reservada a personas distinguidas.
El mantenimiento de las instalaciones costaba no poco dinero a las arcas reales que se hallaban, casi siempre, en estado de estrechez. 

Así pues, se decidió establecer una especie de alquiler para  el juego de pelota  y el juego de raqueta, cobrando a los usuarios un canon por cada partida, calculado de forma que  se cubrieran los gastos ordinarios y extraordinarios  y que, además, quedara en tesorería una ganancia  respetable.

Vamos a situarnos en los años 30 del siglo XVIII, cuando D. Manuel Velez de Guevara y D. Antonio Alonso Aleman y Rosales ejercían como tesorero y contable de los dineros que se recaudaban por este concepto.  Rendían sus cuentas a la marquesa de Astorga, encargada  de las labores de dirección y gestión de las dependencias del  palacio del Buen Retiro, tras el fallecimiento de su esposo.

Se pagaban por jugar un partido de pelota  5 reales de plata (9 reales y medio de vellón). En este precio estaba incluido el uso de las instalaciones, las pelotas, las palas de viento y las alpargatas con sus cintas para los jugadores.

Un partido de raqueta, por cierto,  mucho más solicitado que el de pelota,  resultaba  más barato, 1 real de plata (casi dos de vellón); y también se proporcionaban a los jugadores las pelotas y las raquetas. 

En enero de 1731 se disputaron 12 partidos de pelota  y 245 partidas de raqueta. En marzo del mismo año 22 y 356. 

En abril del año referido hubo que componer la pared larga del juego de pelota. Cobraron los albañiles por ello 39 reales de vellón (incluso el yeso blanco y negro). A Roque Rojo, carpintero, se le pagaron 20 reales de vellón.... por el aderezo que hizo en componer las celosías y recorrer las vallas ...., Más 50 reales de componer el suelo de dicho juego en que se ocuparon tres días cuatro hombres..... Y 3 reales por dar de blanco a la mampara de saque de dicho juego.

Por otra parte, cada par de alpargatas de las que usaban los jugadores costaba 3 reales. Y 1 real cada manija de seda para acondicionar  las palas de viento. Por restaurar cada una de estas palas había que pagar 1 real y medio de plata (2 reales y 30 maravedís de vellón).
El precio de una docena de pelotas de raqueta era de 11 reales y 30 marav.  Cuando había que renovar el forro de las mismas cobraba el artesano 2 reales de plata  por docena de pelotas. Encordar de nuevo una raqueta salía por algo más de 15 reales.

A los gastos de reparación y mantenimiento había que sumar los salarios del juez de los dos juegos a razón de 4 reales y medio diarios. El muchacho que riega, limpia y coge pelotas percibía  21 reales y 6 marav. por cada 30 partidos entre diferentes jugadores ya que  los desempates no se contabilizaban.
8 reales y medio era la asignación  del muchacho que tantea y chaza en dicho juego de pelota por cada 12 partidos.

Como curiosidad apunto que en los meses de invierno los jugadores de raqueta tenían frío y no podían rendir como se esperaba, entonces se resolvió instalar un brasero en la cancha alimentado con carbón. El consumo mensual aproximado era de dos arrobas, unos 7 reales de vellón.

La tercera parte de los ingresos procedentes del juego de pelota iban destinados  a reparar  algunas necesidades de los huérfanos. Se trataba de una merced instituida por  la señora marquesa de Astorga.






viernes, 11 de mayo de 2018

Se cree que fue Carlos III el primer monarca que mandó construir una especie de parque zoológico, en el Buen Retiro, allá por los años 70 del siglo XVIII. Sin embargo,  vista  la información que ofrecen algunos   manuscritos, estamos en condiciones de  asegurar que fueron sus padres, Felipe V e Isabel de Farnesio,  segunda esposa del monarca, quienes gustaban tanto de la contemplación de los animales exóticos procedentes de las Indias que ordenaron construir unas primeras instalaciones para albergarlos en los terrenos que rodeaban el palacio.  Poco después, por motivos que no vienen al caso, el Buen Retiro pasaría de ser lugar de recreo real a convertirse   en  la residencia oficial del primer Borbón.

 Ocurría ésto  unas cuantas décadas antes de que  Carlos III,  desarrollara  un proyecto de parque de fieras más completo y ambicioso.

 El 4 de diciembre de 1731, la marquesa de Astorga, que hacía las veces de directora del complejo palaciego  tras la muerte de su esposo,  recibía un comunicado del marqués de la Compuesta advirtiéndole que, ..por orden de la reina, nuestra señora, se conduce desde Sevilla al sitio del Buen Retiro, un tigre......Y me manda el rey participarlo a v.e. para que   se prevenga lo conveniente a fin de que se le reciba y cuide como a los demás de su especie....dando a entender que contaban ya con algún ejemplar más.

En 5 de septiembre del año siguiente un tal Antonio Verdugo, servidor real, enviaba un nuevo aviso  a la referida  marquesa (Ana Nicolasa de Guzmán Dávila Osorio) que  rezaba: ......El rey ha resuelto se pongan en el sitio del Buen Retiro dos leones, dos tigres y un puercoespín......Y conviene que se pongan estas fieras en el paraje donde deben estar.
 El coste del traslado de los cinco animales desde la ciudad de Sevilla hasta Madrid  correría a cargo de la Real Hacienda, siendo Pedro Belez el encargado de realizar el transporte.

Volviendo al reinado de Carlos III, parece ser que  su hijo y heredero  Calos IV se interesaba sobremanera  por todo lo relacionado con  las Ciencias Naturales, de  modo que su padre, tras fundar el Real Gabinete de Historia Natural (1776), redactó una ley  para que todas las curiosidades pertenecientes a  cualquiera de los tres reinos (animal, vegetal y mineral) que se encontrasen, se hicieran llegar a la sede de este  museo  donde el Príncipe de Asturias pasaba largas horas dedicado a la observación de las piezas expuestas.

Siendo gobernador de Filipinas D. Simón de Anda y Salazar,  un magnate del comercio local le obsequió con  una especialísima y graciosa elefanta que D.Simón quiso regalar al Rey.  Pero falleció mientras tramitaba el envío y su sucesor en el cargo y, a la vez,  acérrimo enemigo consideró que poner al animal en España supondría un dispendio innecesario para las arcas reales, con lo cuál el albacea de Anda hubo de hacerse cargo de la manutención y el cuidado de la elefanta, con cargo a los bienes de D. Simón,  hasta que las autoridades  consensuaran una decisión al respecto.

D. Tomás de Anda, oficial tercero de esta Secretaría de Indias, hijo del finado, enterado del asunto y considerando los impedimentos que se alegaban como  una ofensa a la memoria de su padre, se puso  en contacto con los asesores del Rey en España  para tratar de acelerar la solución al problema .  Por fin,  la elefanta embarcaba en la fragata Astrea para iniciar el largo periplo hacia su nuevo destino. Carlos III asumía todos los costes del viaje  y devolvía al albacea  del señor Anda, los 1258 pesos fuertes que había gastado en el cuidado del animal, procedentes de la testamentaría del finado.


En la cantidad referida estaba incluído el coste de los salarios, alimentos, ropas y calzado de los tres mozos que acompañaron al animal desde Manila hasta Cádiz, así como el azúcar, vegetales  y arroz que servían de alimento a la elefanta, las mantas para cubrirla, la paja o ....  dos olla y un perol de cobre, grandes, para cocinar el arroz de la elefanta y de los mozos. 



En enero de 1780 llegaba la expedición a Cádiz. Parece ser que era el tercer ejemplar de esta especie que pisaba nuestras costas.






viernes, 4 de mayo de 2018

Parece ser que D. Tomás de Durana, encargado del abasto de pescado en la villa de Labastida (provincia de Álava) tenía serias dificultades para obtener la materia prima que los consumidores  demandaban. Por esta causa, Miguel de Moreno, representante vecinal, se puso en contacto con   Domingo de Achutegui, mercader de Bilbao, con el fin de solicitar que, en adelante,  fuese él quien   se hiciera cargo de surtir las abacerías locales debidamente.

 Se negociaron los precios y se le adjudicó el servicio. El  tal mercader,  tras un año de actividad mercantil,   recibía de los regidores la cantidad de 2.389 reales y 4 maravedís por las 16.400 sardinas   que había enviado a la referida villa, para su venta, a lo largo de todo  el año 1797.

Al tratarse de un abono de dinero público había que cuadrar bien las cuentas para no dar a lugar a equívocos;  por eso  era preceptivo un desglose por conceptos (precio del género, tributos, pérdidas...) de la cantidad total percibida por el   mercader.

  En primer lugar, de las 16.400 sardinas había que deducir por riesgos de caminos, a prorrata y según costumbre,  615  sardinas. Más  240 que quedaron inútiles e invendibles, resultando un total de 15.545 (1.295 docenas y media) aptas para la venta que, a razón de 10 cuartos (o 40 maravedís)  la docena,  suponía un total de 1.524 reales y 4 mar. de vellón. A esta cantidad habría que añadir los 8 mar./docena en cuestión de impuestos, resultando, por este concepto,  304 reales y 28 mar. 
Por otra parte, el valor de 30 varas de arpillera que vinieron con dichas sardinas,  a 2 reales y medio/vara, ascendía a 75 reales. Este tejido servía como envoltorio para el pescado y, una vez utilizado pasaba a manos de D. José Antono de Paternina y Arias, vecino de la villa que se dedicaba, entre otros negocios, al préstamo de dinero.

Bien, pues  sumadas las cantidades referidas (1524.. + 304.. + 75) resultó que Domingo de Achutegui  había percibido 485 reales más de lo que le correspondía. ¿ Por qué razón?. No la sabemos con total exactitud pero, vista la inconsistente  justificación de las autoridades locales que achacaron el desfase a un error de escribanía ( ...que se han dejado de poner en la cuenta mudada.....que tiene el escribano ), todo hace suponer que, ayer como hoy, hoy como ayer,  en demasiadas ocasiones los dineros públicos se esfuman sin dejar rastro . 

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jueves, 26 de abril de 2018

En  1690,  Diego Ortiz de Sanvítores, juez de residencia, llegaba al castillo de Benal (o Beñal) para evaluar la labor de los cargos públicos, inspeccionar los edificios de uso vecinal  y  castigar  cualquier tipo de corruptela (???) en cada uno de los tres concejos (Omaña, Villamor y La Lomba).

Una de sus actuaciones pasaba por comprobar la fiabilidad de los sistemas de medida y peso  que se usaban en las operaciones comerciales.  2 libras, 1 libra, 1/2 libra y  1 cuarteron eran las medidas de peso que no podían ser de otro material sino todo de bronce.

1 hemina, 1 cuartal, 1/2 celemin, 1 cuartillo, las medidas de capacidad de sólidos, ...de madera, herradas  y todas con rasero.....,así como el maquilo de molinos.

1/2 azumbre, puchera y  1/2 puchera, con que se medía el vino, eran recipientes de barro.

Todo esto junto con la vara de medir, en su caja,  debía estar a buen recaudo dentro del arca de tres llaves  de cada concejo,  donde se guardaban los documentos relevantes y el dinero que se recaudaba de penalizar a los vecinos que cometían infracciones.

 El arca de tres llaves del concejo de Omaña, custodiada en Vega de Arienza,  curiosamente  se abría con cuatro llaves, una de ellas en poder del corregidor, otra del escribano y dos más que custodiaba el procurador general. Era un arca mediana...con dos cerraduras grandes....Dentro había una caja grande de latón en que estaba metida una Carta Ejecutoria con inclusión de algunas Reales Provisiones y otros Autos que hablan en razón de la Mesta.....Y otros efectos....

Una vez realizadas las pertinentes comprobaciones, el inspector referido encontró algunas irregularidades que habían de ser corregidas. En Cirujales... la 1/2 azumbre y la vara de medir son cortas.  En Barrio de la Puente....la 1/2 azumbre y el cuartillo de medir pan están defectuosos. En Villaverde ...la pesa de 1/2 libra es grande. En Villar .....se halló grande el 1/2 celemín. En Fasgar.....la 1/2 azumbre y la puchera estaban grandes (el regidor fue apercibido para  que ajustase  las medidas del vino). En Marzan....halláronse grandes las pesas de 1/2 libra y cuarterón. En Villadepan.....algo corto el cuartillo. En Lazado .....un poco grande la hemina. En Villanueva...la pesa de libra, corta. Y en Villabandín.....la balanza del peso no estaba igual con el fiel.
Los lugares de Salce y Curueña también fueron advertidos para que ajustaran las medidas de peso ...por tenerlas escasas.
Del mismo modo se apremiaba a los regidores del concejo de La Lomba para que en el plazo de dos meses tuvieran en su arca las medidas de peso hechas en bronce. Y las del vino, de barro, selladas, ....rompiendo y quebrando todas las que actualmente tienen de madera.


La gestión del corregidor  (figura compartida por los tres concejos), procuradores generales, jueces ordinarios... y  la labor de los escribanos pasaron también  el filtro de la evaluación en el periodo  1686-1690.

Tanto a  Diego de Quiñones como a  Antonio de Torres Laso de la Vega (corregidores en esos años, nombrado éste último el lunes de Pascua del Espíritu Santo, día 7 de junio de 1688) .....se les dio por libres...., limpios y rectos...

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Santiago Álvarez,  actuaba como juez ordinario de La Lomba y su  praxis, al parecer,   dejaba bastante que desear. Por ello  fue penalizado con una multa de 4.000 maravedís además de una reprimenda considerable.....y  se le advierte  que ponga todo cuidado en la formalidad de sus actos......aconsejándose con abogado de ciencia y conciencia... Aunque también ....le declaro por limpio y buen juez (una de cal.....).

Pedro Martínez y Juan González, jueces ordinarios de Villamor, recibieron mejores calificaciones aunque a González se le impuso una multa de 1.000 maravedís. 

En el cuatrienio señalado, en Omaña, habían ejercido como escribanos Domingo de Sabugo, vecino de Valbueno y Bartolomé Rodriguez Lorenzana, vecino de Manzaneda. En Villamor, Santiago Alvarez , vecino de Lariego Domingo Fermoso, vecino de Curueña. Y en La Lomba, Baltasar de Quiñones, vecino de Campo.

Todos ellos fueron informados de  la obligación de conservar las actas ordenadas por fechas, sin borrones y  bien redactadas. Se les comunicó, además,  que a partir de este año (1690) no deben desplazarse a entregar notificaciones de denuncia al lugar de residencia del denunciado. El fin último de esta medida  era ahorrar al común los 6 reales que cobraba el escribano por cada desplazamiento. A partir de ese momento sería el propio interesado quien, a su costa,  estaría obligado a comparecer  en el castillo de Benal donde sería informado de las acusaciones formuladas en su contra.

Parece ser que el escribano Baltasar de Quiñones  era un personaje corrupto que, además de cobrar más de lo estipulado por sus actuaciones, ....se ha apropiado de un terreno concejil en Campo... y lo ha cerrado para hacer un huerto, estorbando el paso a las eras....Por ello fue condenado a devolver a las arcas concejiles la cantidad de 5 ducados que había cobrado de más a los vecinos del estado general y se  le impuso una multa de 9.100 maravedís, concediéndole  tres días de plazo para que abriese y dejase libre el terreno del huerto, orden que no cumplió en el plazo establecido por lo que se embargaron algunos de sus bienes....Y que, en adelante, se arregle y modere el arancel....y ponga sus escrituras y papeles conforme a Derecho...so pena de suspensión de oficio....Y le declaro por fiel y legal.

 Domingo Fermoso hubo de pagar 600 maravedís  en concepto de penalización ....y que tenga mucho cuidado en el aseo y custodia de sus protocolos y registros .....teniéndolos encuadernados y empergaminados.

Santiago Álvarez y Domingo de Sabugo  abonaron  600 y 500 maravedís, respectivamente,  por algunos defectos de forma y ambos recibieron el parabién del inspector....Y le declaro por fiel y legal y de toda confianza y no haber faltado a su obligación.

Bartolomé Rodriguez fue multado con 800 maravedís... y se le apercibe del aseo y custodia...y no mezcle.... un año con otro.... Y le declaro por fiel y legal.

El común del concejo de Omaña, en general, fue requerido para que en el plazo de un año se construyera  una casa  para celebrar las reuniones que, al presente,  se acostumbran hacer en el sitio....junto al puente de Aguasmestas, que es un paraje desierto, desapacible e indecente por no tener reparo alguno contra las inclemencias de los tiempos en ninguna de las estaciones del año, concurriendo los corregidores.....con la indignidad de no haber en qué sentarse....si no es en el suelo del dicho páramo....por no tener albergue alguno......siendo, de ordinario, 26 o 27 personas las que acuden a las juntas. Además, se aconsejaba que la construcción fuera  capaz y decente....para albergar una cárcel fuerte, acomodada y segura donde se guarden y aprisionen los delincuentes y presos que hubiere, por no tenerla al presente, ni ser bastante para la dicha seguridad la que está en el castillo de Benal,  por ser sitio desierto y arruinado, incapaz por su soledad y ninguna firmeza de tener en ella preso alguno de consecuencia.... (desconozco si se llevaron a cabo las obras referidas aunque  presumo que no. Un siglo más tarde, el puente de Aguasmestas seguía siendo el lugar de reunión y la cárcel de los tres concejos se localizaba en las instalaciones del castillo).

En cualquier caso, la prisión que ya existía y que el supervisor juzgó  de escasa seguridad, también fue objeto de inspección. Se  describieron las instalaciones de esta manera:
Se visitó y reconoció un cuarto bajo que está en dicho castillo, que es la sala donde se hace audiencia pública lunes y viernes de cada semana, en la cuál está puesta una tabla larga con sus marcos y en ella el arancel de los derechos que se deben llevar de todos los pleitos y causas civiles, criminales y ejecutivas, así el corregidor como los escribanos y demás ministros.....El cual  está puesto frontero de la puerta de dicha sala....fijado en la pared con dos argollas pequeñas. Y, así mismo, en dicha sala se visitó y reconoció un escañil de respaldo y una mesa mediana de dos tablas en que se sientan y escriben los dichos escribanos.
 Y....se reconoció la cárcel que está en un cubo de dicho castillo, que solo tiene una cadena mediana de hierro con dos farropeas y un candado con su llave y un par de grillos medianos. Y no pareció haber en ella preso alguno.


Hay que decir que el coste de los desplazamientos del juez de residencia y el escribano que le acompañaba a los  lugares donde se hicieron las comprobaciones y cotejo de medidas y pesos, se sufragó con dinero de las aras concejiles. El concejo de La Lomba hubo de abonar por este concepto 1.950 maravedís. Villamor de Riello 4.250 m. Y el concejo de Omaña, 11.500 maravedís.

Como casi siempre ocurría y ocurre,   el elevado coste de   la aplicación de esa especie de "Ley de Transparencia" se endosó al vecindario que, sin recibir a cambio beneficio alguno, hubo de aflojar la faltriquera  común para hacer frente a las deudas reales.¡ Así era y es la vida! 





viernes, 20 de abril de 2018

La vida da muchas vueltas y nunca se puede asegurar que nuestros principios van a permanecer intactos en cualquier circunstancia.

En enero de 1600 llegaba a Quito, para ejercer como fiscal de la Audiencia, Blas de Torres Altamirano. Antes de un año de estancia en aquellos lares,  escribía a Felipe III dando cuenta  de las graves irregularidades y abusos que se cometían y del nivel de corrupción en que estaban sumidas las institucines reales
Acusaba al obispo de querer cobrar el diezmo a los pobres y miserables indios, que estaban exentos por Real Cédula,  y solamente debían contribuir, en lo que a este tributo se refiere, con la voluntad. 

Por otra parte, los encomenderos, colonos españoles y hasta los mismos esclavos negros  maltrataban, vejaban y trasquilaban el cabello a los indios, tratándolos como esclavos cuando, en realidad, eran libres. El corregidor,  los oidores y  otros miembros de instituciones reales,  además de consentir los excesos, los alentaban al ser, muchos de  ellos, propietarios de negocios e industrias donde los indios eran obligados a trabajar en régimen de esclavitud. 

La parcialidad de los tribunales de justicia, el abultado e injusto  salario de los escribanos, alguaciles  y otros oficiales, los sobornos y la malversación de fondos por parte de los tesoreros reales, al parecer, eran prácticas habituales que Blas de Torres denunciaba reiteradamente en sus misivas a España solicitando al rey que pusiera coto a los abusos. 

Tras dos años de residencia y trabajo en Quito, Blas Torres se enamoró perdidamente de una señora casada con un letrado ...que vivía muy cerca de su casa. Durante algún tiempo ambos amantes guardaron el secreto de su relación pero, como suele ocurrir, algún detalle fuera de control extendió la nueva por toda la ciudad y  el escándalo fue mayúsculo, por tratarse de quien se trataba. La vida privada y pública  de un fiscal debía ser modélica y el adulterio, además de inmoral, era un delito que había que castigar.

...Durante su amancebamiento se volvió el marido  tonto y después murió con mucha fama de que le habían muerto con veneno....Y continuando en el amancebamiento después de viuda, dicen le ha gastado más de 8.000 ducados de la fortuna del finado.

Avisado el conde de Monterrey, virrey del Perú, antes de encausar al fiscal y tratando de que recondujera su conducta,  expulsó de la ciudad a Ana Jaramillo (así se llamaba la tal amante).  Y a Blas  le encomendó un asunto laboral que le obligó a ausentarse de Quito durante algún tiempo, aprovechando la ocasión el virrey para ordenar el regreso de  Ana y  casarla, con toda celeridad, con Juan de Guzmán, letrado también de la Audiencia.

Al retornar Torres Altamirano  a la ciudad, de nuevo prendió la mecha y ambos amantes volvieron a las andadas. Miguel de Ibarra, presidente de la Audiencia y  hermano de Juan de Ibarra, miembro del Consejo Real, no tuvo otra opción que denunciar al fiscal (principios de 1606) e iniciar los trámites legales para que fuera apartado de dicho oficio y castigado.

En un principio estuvo bajo arresto domiciliario, pero al quebrantarlo, se le trasladó a la cárcel pública  por espacio de casi cuatro meses, ...en el calabozo de ella, entre negros y indios, con cuatro guardas...., para  luego  continuar  la pena de prisión en  su casa hasta que se celebrara el juicio. 

Entretanto, fallecía D. Miguel de Ibarra (antes de 1609) y el litigio se daba por fenecido, volviendo Torres a desempeñar su profesión de fiscal, ahora en Lima.

Acomodado en la nueva ciudad y sin rastro de delito, casó con Agueda Mauricia de los Ríos Lisperguer, de familia principal, aristócrata  y acaudalada.

Se da la circunstancia de que  aquél fiscal tan recto, en otro tiempo, favorecía de forma descarada a su cuñada Catalina de los Ríos, saliendo ésta  de rositas a pesar de estar probado que se trataba de  una asesina en serie. Una de las más famosas de América Latina, apodada La Quintrala.







viernes, 13 de abril de 2018

Las rentas que producía el comercio de  naipes,  en España y América  (siglo XVI),  eran de tal cuantía que, del mismo modo que las procedentes del  tabaco,  los responsables del real fisco las habían convertido  en  rentas estancas o monopolios que administraba la Corona.

Aunque había fábricas piratas que expendían su producto de forma clandestina, lo cierto es que el vicio de jugar estaba tan arraigado que los beneficios que producía el comercio legal de naipes eran cuantiosos.

Al parecer, no había costumbre de jugar por mero entretenimiento sino que siempre se hacían apuestas que, en algún momento, ascendían a cantidades considerables y llevaban a la ruina a no pocos jugadores que ...entregan lo poco que les queda de sus exiguas haciendas.... , dando lugar a riñas, pendencias y muertes.

Por todo ello, se hizo  necesario legislar al respecto regulando o, incluso,  prohibiendo el juego de naipes en lugares públicos.
Sin embargo, en locales privados y en algunos públicos, bajo cuerda, se seguían organizando apuestas. Las autoridades locales hacían la vista gorda habida cuenta de que también participaban en ellas.

En septiembre de 1559 D. Juan Alderete, canónigo de la Iglesia Mayor de Valladolid se querellaba criminalmente  contra Juan Arias Altamirano, vecino de Peñaranda, aclarando que no le denunciaba por  cuestión de sangre ni mutilación de miembro, sino por haberle ganado al juego de la dobladilla   con  barajas  de un mazo todo cortado y señalado y hechas unas puntas negras en los mismos naipes. La partida se había prolongado por espacio de casi una semana y el clérigo había perdido ...3.000 reales y una sarta de perlas; 200 reales y una cadena (valorada en 1.100 reales) y una cama de terciopelo (2.000 reales) y dos tapices (500 r.) y una calderilla y una escudilla de plata (266 reales)...Y otro día 170 reales en reales y 7 doblones de oro y otras cosas...Curiosamente, con el fin de despistar,  el tal Altamirano había perdido una partida en la que el arcediano apostaba  una taza dorada y un copón dorado y dos candeleros y un faro de plata.
La sentencia definitiva del caso se daba a conocer el 19 de julio de 1560. El acusado era condenado a restituir  al arcediano todo lo ganado de forma fraudulenta y a pagar una sanción económica llamada pena del juego ...para la nuestra cámara y fisco ( Tribunal de Chancillería, Valladolid).

Los pleitos,  cuyo origen era el juego, se sucedían  un día sí y otro también. 
En los largos viajes en barco hacia Nueva España, aunque no era legal, se consentía el juego para entretener  el tiempo. Muchos de los viajeros perdían sus escasas pertenencias de dinero y ropas antes de llegar al destino.

En 1555 María de Mercado, vecina de Oviedo, era acusada de encubrir la práctica de juegos de naipes y bolos en su taberna. Lucía de Ríos, de Ávila, hacía lo propio en su casa llevándose, además, cuatro reales por cada baraja. 

En México, en los años 30 del siglo XVI, el Virrey había prohibido todo tipo de juegos con apuestas, medida que supuso, como no podía ser de otra manera, la proliferación del juego clandestino. En 1583 se hizo pública una Orden para que las penas del juego de naipes y dados...se entiendan y extiendan también contra todas  las mujeres de cualquier calidad y condición...que han jugado y juegan los dichos juegos con el mismo desorden que los hombres, ocupando los días y noches en ésto, lo cuál no sólo es escandaloso en la república, sino que... pueden resultar de ello otros excesos mayores en ofensa de Dios Nuestro Señor....






viernes, 6 de abril de 2018



Allá por el año 1599, siendo 21 de septiembre, comparecía en Santibáñez de Arienza  un tal Manuel Durán acompañado por el recaudador   del Honrado Concejo de la Mesta.

La razón de esta comparecencia no era otra que denunciar al conjunto de ganaderos (casi todos  los vecinos)  del concejo de la Lomba, a quienes acusaba de  que.. no habían ido a las mestas, ni tienen herrados y señalados sus ganados.....;  y habían tenido enfermos sus ganados de bruza? y sanguiñuelo y no habían hecho diligencia ninguna como estaban obligados...


El buen hacer de Alonso González, procurador del concejo en ese momento, que  negó tajantemente las acusaciones y defendió con vehemencia a los ganaderos, dió como resultado una sentencia favorable a estos últimos, a quienes   D. Antonio de Omaña, teniente de gobernador de los tres concejos (Omaña, Villamor y La Lomba),  juez del caso,  dio por libres  de tales acusaciones.

El texto de la sentencia, pronunciada en 24 de diciembre de 1599,  recalcaba que no todos los vecinos propietarios de ganado ovino  eran hermanos de la Mesta, con lo cuál no estaba obligado el común a pagar derechos de montazgo, tampoco a acudir a las mestas ni a registrar sus ganados, entre otros motivos,  porque no salen a transmontar fuera de sus terrenos y pastos...

Manuel Durán recurría la sentencia para que el asunto fuera dirimido en el tribunal de Chancillería de Valladolid.  Los vecinos de La Lomba, reunidos como lo tiene de uso, no tuvieron más remedio que apoderar a Pedro de la Vega y a Miguel Jiménez de Pradoprocuradores de causas...,para que defendieran sus intereses en aquella instancia judicial. El Poder se otorgaba ....estando juntos, como lo tenemos de uso y costumbre....en la romería de Nuestra Señora Santa María de Rosales ( Pandorado).

Con fecha 20 de marzo de 1602, por suerte para los vecinos de La Lomba,  se confirmaba y ratificaba aquella sentencia  inicial que había pronunciado D. Antonio de Omaña y se daba por finiquitado el proceso sin consecuencias ni sanciones  para el vecindario de La Lomba. Esta vez. también  David había vencido a Goliat.