Fernando Alvarez de Toledo y Pimentel, el Gran Duque de Alba, fallecía en 1582, cuando apenas era acabada la alegría del nietecico, cuando lo mezcló con la dolencia del agüelo porque estas son las prisiones y tributos de esta vida mortal .... De esta guisa se expresaba Fray Luis de Granada en una carta de consuelo que enviaba a María Enriquez, la viuda, llena de lisonjas hacia el finado. En primer lugar, refería el clérigo, debía dar gracias a Dios por haber sido la señora más bien casada de cuantas ha habido en nuestros tiempos.... Otro motivo de gratitud ...habérselo Dios conservado cincuenta y tantos años ... porque si reparara en todas las señoras casadas de España, viere cuán limitada fue la vida de sus maridos; hallará muchas viudeces muy tempranas y muy pocas casadas que tan largo espacio lo fueren como usted. Era el Duque un personaje católico hasta rayar la obsesión. Confes...
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