Las carnes constituían una de las materias primas de mayor consumo en la alimentación de nuestros antepasados. Hasta hace relativamente poco tiempo así ha sido, por supuesto, siempre que la capacidad adquisitiva de los consumidores lo permitía. Pero eso es otra historia. En las casas de la Princesa de Eboli se gastaba dinero a espuertas. Altiva y gran amante del lujo, tras la muerte de su marido Ruy Gómez de Silva, el descontrol en la administración de su patrimonio acabó dando al traste con parte de él. El coste de la buena mesa, casi de ordinario con ilustres invitados, no era problema para la acaudalada familia. Las copiosas cenas donde se servía carnero asado seguido de ternera, pichones y conejo, eran habituales. De entre todas las carnes que se consumían a finales del siglo XVI, destaca la de carnero por la frecuencia y la variedad de recetas en las que era utilizada. Carnero para olla, carnero para cocido, p...
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