A petición del marqués de Castel Rodrigo, aprobó Carlos II la publicación de una pragmática en 1691 prohibiendo los juegos de mera suerte en el Reino de Valencia. En 1694 , enterado el rey de que la prohibición no surtía el efecto deseado y que se organizaban juegos en casas particulares de la ciudad durante la noche, decidió endurecer el discurso y encargar a las autoridades civiles y religiosas que tomasen cartas en el asunto, por lo mucho que conviene atajar los daños que produce este vicio. Según parece, no solamente algunos clérigos, sino caballeros y poderosos ciudadanos hacían caso omiso de la pragmática. Cristóbal Villarrasa, Vicente Despuig y Galcerán Mercader, ciudadanos distinguidos de la ciudad habían sido requeridos, con buenas maneras para evitar el escándalo público, a que abandonaran el pernicioso vicio. Sin embargo, por ser tan declarado y escandaloso el menosprecio de ella (la pragmática...
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