El 31 de julio de 1775 el Tribunal de la Inquisición de Toledo recibía la petición del fiscal para investigar  y requisar, en su caso, los libros prohibidos que se encontrasen en las librerías públicas y particulares.

El procedimiento incluía interrogar a los libreros para que revelaran el nombre de los clientes que habían comprado libros de este calibre. Se nombró como calificador a D. Diego Sánchez Ventero.

En la librería de Manuel de Medina, que es la más copiosa...., se encontraron  varios ejemplares que se mandaron expurgar y   dos títulos que se requisaron, Retrato de los Jesuítas y Secretos de Naturaleza. A pesar de que el señor Medina negaba las acusaciones  por activa y por pasiva, Ventero informó al tribunal que el citado librero, junto con otro de Madrid llamado Bartholemi, había introducido libros de hansenistas. 

En su declaración, a Manuel Medina no le quedó más remedio que admitir que  había tenido dos juegos de  la obra moderna del padre Carlos Antonio (¿?) de las Escuelas Pías y que los   había vendido al canónigo Bienfica y al racionero Gómez. Asimismo, hacía como tres años que había estado en posesión de  un libro intitulado De arte Amandi sabiendo que era de los prohibidos. .....Y que habiéndolo visto un día D. Domingo, cura que ahora es de Camarma, junto a Alcalá, lo cogió y se lo llevó.....desconociendo el declarante su destino actual.

Manifestó también haber adquirido la obra  Cartas de Palafox en cinco tomos, que habla de hansenistas, y haberla  vendido al canónigo Merino o al canónigo Abiu.

Como este librero también se dedicaba a la encuadernación,   sabía que el canónigo Blanco tenía en su poder el segundo tomo de Fray Gerundio y El apuleyo o asno de oro. Asimismo declaraba que el abogado Pintado había adquirido en su tienda las Instituciones de Fleury y El Instituto de la Compañía, ambos libros creía el testigo que estaban entre los prohibidos.

D. Francisco Camargo, el dicho Pintado y  el vicario general Santa María poseían la obra completa de Van Espen. Y se hallaba  también ésta en la biblioteca del arzobispo junto con las Memorias Eruditas de Salafranca.

Unos cuantos años antes, en julio de 1739, el inquisidor general, D. Manuel de Orbe y Larriategui, concedía licencia y facultad al Rector y Colegio Mayor de San Ildefonso, Universidad de Alcalá, para que pueda retener en su librería cualesquiera libros y papeles que hubiere prohibidos por el Santo Oficio de la Inquisición sin incurrir en pena alguna, con tanto que se pongan en parte secreta, cerrada y reservada, sin que se puedan entregar para que se lean si no es a aquellas personas que tengan las licencias necesarias y correspondientes para ello....





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