EL TEATRO COMO TERAPIA:
El 15 de abril de 1578, Felipe II rubricaba una provisión dirigida al corregidor o alcalde mayor de la villa de Alcalá de Henares que, a la sazón era Pedro Pablo de Torres.
Rodrigo de Agustina, en nombre del rector y colegiales de San Ildefonso de Alcalá, había acudido al rey en busca de ayuda a causa del mucho daño y perjuicio, desasosiego, inquietud y estorbo del estudio y letras.....que se estaba observando en el alumnado a causa de que de poco tiempo a esta parte, algunas personas cuyo oficio era la representación de farsas, habían decidido establecerse en dicha villa la mayor parte del año.
Se representaban funciones con cierta frecuencia y los colegiales solían asistir, a pesar de que la dirección de la Universidad lo censuraba. Por una parte los estudiantes se gastaban el dinero que les daban sus padres con mucho trabajo.... Por otro lado, como las dichas comedias también se hacían en días de labor, dejaban de ir a sus estudios y de ejercitarse en las letras..., se habían distraído y andaban desasosegados...
Las graves consecuencias que esto podía ocasionar a la república hicieron que el rey enviara una provisión al corregidor de Alcalá ordenando que las comedias se representaran solamente los domingos o festivos. Y prohibiendo a los comediantes residir de continuo en la villa. El alcalde mayor hizo oídos sordos alegando que era tiempo de pascuas y días feriados...Y así mismo porque la dicha villa estaba muy enferma de enfermedades prolijas, pesadas y melancólicas ...., para cuyo remedio era preciso que los hombres se entretengan en honestos y virtuosos ejercicios que ayudasen a superar el desánimo general que afectaba al vecindario.
El tiempo iba pasando. Mientras las autoridades de la villa hacían la vista gorda, se seguían celebrando funciones. Juan Martínez, síndico general del Colegio y Universidad, recurría de nuevo al monarca por la misma causa. El 7de enero de 1592 Felipe II emitía un nuevo comunicado amenazando al corregidor con retirarle el cargo y aumentar la multa en 20.000 maravedíes (además de los 10.000 iniciales) para la nuestra cámara y fisco, si continuaba haciendo caso omiso del mandamiento.
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