PELEAS DE GALLOS:
Apenas un año (noviembre 1769- diciembre 1770) se mantuvo activo un reñidero de gallos construido extramuros de la ciudad de Sevilla, en el sitio del Baratillo, donde tenía su sede la Hermandad de la Santa Cruz y Nuestra Señora de la Piedad. La iniciativa partía del mayordomo de la cofradía -cuyas ordenanzas quedaban aprobadas por la autoridad eclesiástica el 3 de marzo de 1764- y su finalidad era, además de divertir a los concurrentes, recaudar fondos para el culto y para adecentar la capilla que custodiaba las imágenes.
El coste de la construcción ascendió a 4.357 reales de vellón y se hizo sin licencia por ignorancia de la hermandad. Cobraban 4 maravedíes de entrada y organizaban peleas de gallos todos los días festivos durante nueve meses al año. En el único año que funcionó se llegaron a recaudar 1.293 reales y medio, lo que explica el éxito que tuvo entre el vecindario. Pero las autoridades locales decretaron el cierre del establecimiento en diciembre de 1770.
La Congregación de Nuestra Señora de la Granada, que tenía su sede en la iglesia parroquial del Señor San Román (fundada en 1698), contaba con otro reñidero de gallos construido en la calle del Espejo, en un solar que pertenecía al hospital del Amor de Dios, a quien abonaban anualmente 24 reales en concepto de arrendamiento. Siendo asistente (máxima autoridad municipal) de la ciudad de Sevilla D. Luis Maza, marqués de Monterreal, devoto de la imagen referida, se edificó y comenzó a tener actividad el reñidero o corral de gallos. El marqués no tenía por hábito dar a conocer los ingresos y gastos, pero recaudaba lo suficiente para el mantenimiento de las instalaciones y el salario de la persona que organizaba los eventos. Con el dinero sobrante se acometió el estofado de parte de la iglesia y dorado del retablo, se hicieron ángeles lampareros y se adquirió un juego de faroles altos para las novenas y otros elementos para el culto diario y decencia del Santo Rosario que sale todas las noches... Unos años con otros, una vez satisfechos los gastos ordinarios, las ganancias ascendían a unos 500 reales.
Pero con el nombramiento del nuevo asistente, que abominaba de ese tipo de entretenimientos, las cosas cambiaron drásticamente, iniciando el camino hacia la clausura de los reñideros. De nada sirvieron las promesas de los mayordomos y su disposición a contribuir a las arcas públicas con cierta cantidad de dinero al año. Ninguna razón logró convencer al nuevo asintente, el ilustrado Pablo de Olavide, que ordenó el cierre de los dos reñideros de gallos. D. Juan Gutiérrez de Piñeras, el 13 de octubre de 1771 redactó un informe para justificar la clausura. En ese documento hacía hincapié en las crecidas apuestas que se organizaban y que daban lugar a serios quebrantos económicos para las familias de los apostantes.
El Consejo Real daba por clausurados definitivamente los dos reñideros el 18 de mayo de 1772.
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