Tal era el estado de las cuentas de la Monarquía, que Felipe III ordenó elaborar un registro de los objetos de plata que pertenecían a las iglesias, conventos, monasterios.....y a los vasallos seglares. El objetivo era saber la cantidad y peso total  por si era necesario, llegado el caso, gravar con un tributo la posesión de la plata o, en su caso,   requisar parte de ella. De esta forma, se contribuiría a sanear la maltrecha economía de la corona.
Esta medida tuvo muy mala acogida por parte de los eclesiásticos y la nobleza  (en realidad, era a quienes afectaba por razones obvias), hasta tal punto que el Rey y su Consejo se vieron obligados a dar marcha atrás y ordenar el cese del registro.
Del 9 de mayo de 1600 data una protesta contra la referida ley , cuyo autor es un eclesiástico que argumenta de este modo:
......aún cuando las necesidades del Príncipe fueran extremas, desnudar a la Iglesia, no solamente no es remedio,  sino antes el medio mas cierto de perderse y perdernos. Vemos que todos los Príncipes piadosos, enriqueciendo la Iglesia, han salido siempre victoriosos de sus enemigos....
....el mas poderoso y evidente daño que estos ruines principios amenazan y aseguran, es que Dios nos deje y se pase con su Corte y Fe divina a otras partes huyendo de quien a su Iglesia ultraja......(sic).

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