Diego de Morlanes, natural de Zaragoza, escritor, jurisconsulto, miembro del Consejo de SM. y 
Lugarteniente del C. Aragones, durante algún tiempo de su etapa de formación residió en Lérida.  Era muy joven,  echaba de menos a su familia y deseaba que las extensas cartas que le escribía su madre llegaran con mas frecuencia;  necesitaba su beneplácito  en las decisiones que tomaba. Ni más ni menos que  cualquier otro joven del siglo XVI o del XXI.

Aunque haya  que viajar al mundo  de  casi 500 años atrás (1549-1550), hay sentimientos  que el paso del tiempo no ha conseguido cambiar.  ¡Afortunadamente!. 

Dña Isabel de Aymerich, madre de Diego, sabía escribir, lo cual ya era un privilegio. En sus misivas   contaba a su hijo, como cualquier otra madre, los detalles del devenir diario en la casa familiar.
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 Que Perico, el benjamin de la familia, estaba enfermo de sarampión y sufría calentura.
Que no había podido enviar a buscarle por estar todos ocupados en la vendimia, pero lo hará en breve para que pueda pasar tres o cuatro semanas rodeado de los suyos y gozar del descanso que habrás menester.
 Que ya  había remitido el dinero que era preciso  pagar  a Mosen Heredia (preceptor de Diego).
 Que los libros que me mandaste  encargar  llagarán presto. 
Que los paños de narices que me pides, los confeccionará tu hermana por tener mejor vista.
Que le manda la chamarra de Chamelote sin los botoncicos porque no ha tenido tiempo de hacerlos.....Enviaros he ésta porque, en verdad, no tengo facilidad de comprar otra......Lo que he gastado en libros y para la ida a Lerida, bien creo que sumará más de lo que yo tengo de recibo en todo un año.....así que conformaos con lo que yo puedo hacer.....Siempre que viene (vuestro hermano) dice que gasto largo, ya habéis visto lo que gasto, no creo que (me) he hecho mas gastadora que antes, plegue a Dios que todo sea en remisión de mis pecados.
De la cuenta que me habéis enviado no había necesidad....porque yo fío en vuestro buen seso.
Decísme que no os he dado el parabien, plegue a Dios que os lo dé Él de su mano que yo siempre me holgaré de daros el parabien de eso y de lo demás....

Nuestro Señor os tenga de su mano como mis viejas canas lo desean.


                                         La que hará lo que a vos cumpliere, vuestra triste madre.


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