En la villa de  Béjar (Salamanca) a 11 días del mes de agosto de 1646 años, el presbítero y bachiller Martín García,  vendía ocho  toros de su señor  a Jerónimo de San Miguel Francisco de la Cruz Galan, regidor y procurador general respectivamente  de la  villa de Peñaranda. Se precisaban  para correr un encierro el lunes día 20 del mes referido. La ganadería de reses bravas era propiedad del poderoso duque de Béjar.

El lote elegido quedaba compuesto por un toro rucio, orejano, pequeño, que se había capeado en el bosque. Un toro negro que, en su momento, se había vendido a Tordesillas y no llegó a soltarse. Otros dos animales que se llevaron a Valladolid y no se mataron; el uno de ellos se llama Moraño, es lomicastaño y cornivacuno, de seis años; el otro del mismo color, de cinco años y cornidelantero. Otros dos toros, uno de ellos llamado El Pego. Dos astados más de color negro, de seis y siete años que se han de capear para comprobar si sus  embestidas son  del agrado de Francisco de la Cruz. En caso contrario, éste podría cambiarlos por  otros dos de los sobrantes   de la ganadería de su excelencia.

El precio que ha de pagarse por cada uno asciende a  520 reales de vellón para el día de Nuestra Señora de septiembre del mismo año en Peñaranda, en mano de la persona que el duque apodere para tal fin. En el supuesto de que no se abonara la deuda en la fecha señalada, se ampliaría el plazo dos días más, transcurridos los cuáles correría a cargo del común de la villa  la cantidad de 500 maravedís diarios en concepto de salario del cobrador.

De la ganadería del duque procedían los toros de  los festejos de buena parte de Castilla. 
D. Alonso Diego Lopez de Zúñiga Sotomayor y Mendoza, que así se llamaba el susodicho, el mismo año 1646 vendió doce toros para las celebraciones   del 24 de junio  en la ciudad de Valladolid. El precio total ascendía  a 6000 reales, a razón de 500 por cabeza;  pero a primeros de septiembre todavía no había logrado  que el tesorero o mayordomo de la ciudad le abonase la cantidad adeudada. 
Todos los negocios tienen riesgo.


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