PROHIBICIONES A MOROS Y JUDÍOS:
Ningún judío ni judía, ni moro ni mora sean especieros, ni boticarios ni cirujanos, ni vendan vino ni aceite ni manteca ni otra cosa de comer a ningún cristiano ni cristiana; ni tengan tienda de botica ni mesas en público ni escondido para vender viandas algunas que sean de comer....So pena de 2.000 maravedíes más los cuerpos. Que estén a nuestra merced para que les mandemos dar pena corporal.....
Así rezaba una ley dictada por Juan II de Castilla (padre de Isabel I) que seguía teniendo plena vigencia en el año 1496, cuando los RRCC requerían a las autoridades de Ávila para que actuasen contra los moros de la ciudad que, en contra del ordenamiento real, tenían tiendas abiertas en sus morerías y fuera de ellas, donde vendían pan y vino y especias y aceite y otras cosas de comer a los cristianos....
Unos cuantos años antes, en 1480, el capellán mayor de la capilla del rey don Sancho, que es en la Santa Iglesia de Toledo, acudía a los monarcas quejándose amargamente de la falta de recursos. Dicha capilla gozaba de privilegios otorgados por los reyes, nuestros antecesores, y antigua costumbre inmemorial de financiar el sustento de los capellanes y demás gastos relativos al culto divino, con los impuestos procedentes de las carnes que se matan y se venden en esta ciudad a los cristianos. La cuantía de tales impuestos había disminuido considerablemente porque aunque los moros y judíos, cuyas carnicerías atraían a la mayoría de la clientela, pagaban religiosamente los tributos, al haber carnes que desechan según sus creencias...., los consumidores optaban por otro tipo de alimentos.
La cuestión fue que al haber un consumo muy reducido de carne de cerdo en la ciudad, los capellanes se vieron perjudicados porque recaudaban menos impuestos. Los RRCC tuvieron que pronunciarse prohibiendo -bajo importantes penas- a moros y judíos vender carne a los cristianos. Y a éstos comprarla a los anteriores. Con esta prohibición se pretendía fomentar el consumo masivo de carne de cerdo para, de esta forma, aumentar la recaudación que percibían los eclesiásticos de Toledo.
Convendría saber la causa por la cuál los consumidores (hasta que se decretó la prohibición) compraban más en las tiendas de moros y judíos que en las de los cristianos.
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