FORTIFICACIÓN DE HONDARRIBIA:
El maestre Lope de Isturizaga, vecino de San Sebastián, tomaba a su cargo la construcción de los cubos y murallas necesarios para fortificar la villa de Fuenterrabía (Hondarribia). Se firmaba el asiento a la vez que la reina Isabel de Portugal, en nombre de su esposo Carlos I, daba el visto bueno al proyecto (Ocaña a 16 de noviembre de 1530) con una serie de condiciones a cumplir.
El asentista recibiría ocho ducados (a razón de 400 maravedíes por ducado) por cada tapia de 10 x 10 x 5 pies utilizando los sillares que fuese menester en consonancia con los que ya estaban puestos. En el precio estaba incluida la mano de obra y los materiales necesarios: piedra calcarena, agua y cal de la mejor calidad, mezclando para hacer el mortero tres partes de cal y dos de arena procedente de la ría y arenal debajo del hospital de Santiago, que es la mejor.
Cada tapia ha de llevar hasta 65 fanegas de cal. Las bovedillas y troneras serían medidas hueco por macizo....., como se ha hecho siempre. En el supuesto de que se le ordenase henchir en los baluartes o lienzos algún hueco de tierra plena, el coste se le abonaría aparte de lo presupuestado.
Abrir los cimientos era esencial para continuar las obras. El despojo de piedra y zahorra que hubiese en los cubos y lienzos se le adjudicaría al maestre Lope, en equivalencia del trabajo y gasto de deshacer aquello que no hubiere de quedar dentro de los cubos y lienzos sin derribar. El encargado de supervisar el trabajo debería dar el visto bueno al material que quedare entero metido en la obra....
En diciembre de 1545 se firmaba un nuevo contrato con el maestre Domingo de Eztala (yerno de Lope de Isturizaga), vecino de Fuenterrabía; lo aprobaba, en esta ocasión, el príncipe (Felipe II) siguiendo las instrucciones de los miembros del Consejo de Guerra. Aunque, en lo esencial, mantenía las condiciones, se introducían algunos cambios: El precio por cada tramo quedaba ajustado en siete ducados (de a 11 reales y 1 maravedí) y dos reales y medio..... Y también se modificaba la técnica de construcción de los cubos: Entre dos sillares, uno de punta que entre en el macizo de la pared; y así de trecho en trecho.....para que vaya más trabada. Los sillares que se pusieren por de fuera habrían de estar muy bien labrados y medir tres pies de largo y uno de alto.
Los depositarios de la fianza del proyecto y encargados de la supervisión de los trabajos eran los militares Luis Picaño y Sancho de Leyva.
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