ESCARNIO EN FILIPINAS.

Francisco Leandro de Viana, fiscal de la Audiencia de Manila, escribía una carta a Carlos III el 15 de julio de 1765. En el mismo envío adjuntaba un duplicado de otra misiva que había dirigido al monarca el 6 de julio de 1762, acompañada de    dos platos de loza del Japón. Pero  no había llegado a su destino en la fecha que se esperaba  porque el navío Santísima Trinidad, en el que viajaba, fue presa de los ingleses.

Los platos de loza los había conseguido el fiscal en el presidio de Zamboanga y en ellos estaba estampada la efigie de Nuestro Señor Jesucristo Crucificado. La representación de imágenes  religiosas en artículos de uso cotidiano ofendía seriamente al catolicismo, máxime si se utilizaban  como objeto de burla.  Además, la circulación y comercio  de artículos de este tipo, sin control tributario, causaba perjuicio a las arcas reales.

Al parecer, había sido idea de los holandeses estampar las imágenes en los platos que luego vendían a los moros de Joló y Mindanao, con quienes comerciaban.....Y lo hacen con maldad....para que no se conviertan....Y les inducen aversión hacia los españoles para continuar la cruel guerra que están practicando en aquellas islas con robos y piraterías...Y lo que era más grave, cautivando cristianos que luego vendían  en Batavia ...a trueque de municiones de guerra y cañones...

Vista por el rey y su Consejo de Indias la necesidad de legislar al respecto, resolvieron ordenar al gobernador, capitán general, mariscal de campo de los reales ejércitos y presidente de la  Real  Audiencia de Filipinas, D. José Raón:  Que deis las providencias mas estrechas y conducentes a atajar la introducción de platos, relojes y otras cualesquiera alhajas, en que estuvieran  impresas las imágenes de Cristo, la Virgen o los Santos, por la irreverencia y desprecio con que intentaban, los holandeses,  persuadir a los neófitos de esas islas....(El Pardo, 28 de marzo de 1767).

El 20 de mayo de 1768  llegaba la cédula que contenía las ordenes a su destinatario.  D. José Raón tomó la cédula en sus manos..., la besó... y la puso sobre su cabeza en señal de acatamiento y obediencia.



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