ALIMENTOS PARA LA TROPA.

Antonio de Guevara, vecino de Segovia y perteneciente  a una conocida familia de mercaderes, se estableció en Sevilla, donde  trabajó como funcionario -en diversos destinos-  al servicio de la corona. Su habilidad para los negocios le valió, entre otros,  el nombramiento de proveedor general de los ejércitos.

Estaba en marcha la organización de la Gran Armada, proyecto estrella de Felipe II, y Guevara era el encargado de suministrar   bastimentos  a las embarcaciones y vituallas a la tropa. El 29 de junio de 1587, estando en el puerto de Bonanza, en Sanlúcar de Barrameda, contrataba a Abrande Jacops (sic)  -ciudadano noruego, maestre de una urca llamada "El Salvador"-   el transporte de  un cargamento hasta el puerto de Lisboa, donde estaba previsto que  se reunieran todas las naves que iban a participar en la expedición militar que pretendía destronar a Isabel I de Inglaterra.

Guevara daba instrucciones precisas al noruego sobre cómo se debía alimentar a la gente que se embarcare en dicha urca y verdaderamente sirviere...: Una libra de bizcocho a cada uno cada día; medio azumbre de vino puro y la misma cantidad de agua. Los domingos, lunes, miércoles y jueves, seis onzas de tocino a cada persona cada día. Los martes, viernes y sábados, seis onzas de atún ....y menestra de habas o garbanzos a respecto de tres fanegas para cada cien raciones al mes. Los días de atún se ha de dar aceite a respecto  de tres arrobas para cada cien raciones al mes; y el doble de vinagre. De leña y sal se gastará lo que fuere menester pero cuidando de no desperdiciar. 

Era consciente el proveedor de la dificultad del marino para entenderse con la tropa por ser vos extranjero; por esa razón le ordenaba que diese las raciones de cada día por junto al capitán para que luego éste hiciera el reparto.

Antonio de Guevara acabó con sus huesos en prisión y todos sus bienes  fueron embargados. Parece que buena parte de sus éxitos en los negocios se debía a prácticas corruptas. Falleció en 1592, en la cárcel, antes de conocer la sentencia condenatoria. Se da la circunstancia de que algunos de sus empleados se vieron también salpicados por la corrupción. Uno de ellos fue  Miguel de Cervantes Saavedra,  pero eso ya es harina de otro costal. 


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