A VUELTAS CON LA LLUVIA.
El 17 de marzo de 1754 llevaron la imagen de Nuestra Señora del Val en procesión desde su ermita, extramuros de la ciudad, hasta la Catedral de San Justo y Pastor de Alcalá de Henares. Iba acompañada de todas las cofradías, comunidades religiosas, parroquias, cabildo de San Justo y, como colofón, los maceros. La comitiva recorrió la calle de Roma y la de los Escritorios. En las puertas de todos los colegios universitarios que se encontraron al paso, dispararon cuetes (sic). Todo este despliegue de recursos humanos formaba parte de una rogativa que se organizó a causa de la falta de agua que comprometía severamente las cosechas.
Al llegar a la catedral se depositó la imagen en el altar mayor, sobre el arca de los Santos Niños Mártires, a quienes, a su vez, se dirigía una súplica colectiva para pedir la lluvia. Al día siguiente empezaron a celebrarse las misas del novenario, a cargo de una orden religiosa cada día, empezando por los dominicos. El día 23 tocaba el turno a los capuchinos que, además, llevaron en solemne procesión hasta la seo a San Félix de Cantalicio. San Francisco, San Agustín y el Niño de la Salud también fueron trasladados a la Catedral para reforzar las peticiones.
Acabó la novena y seguía sin llover. Se invitó entonces a las comunidades calzadas, además de las descalzas, a intervenir. El día 30 fue la Universidad a decir la misa que, tradicionalmente, ofrecían a la Virgen del Val. Se dispuso organizar una nueva novena y multiplicar los rezos para ver si la tan necesaria lluvia hacía acto de presencia. A las diez de la mañana, misa del cabildo; a las tres de la tarde, letanía que se cantaba a tono de órgano; y a las cinco de la tarde, los niños de la Escuela Pía cantando el rosario hasta dicha iglesia, en donde remataban con la Salve Virgen Pura y unas coplillas pidiendo agua.
En uno de esos días de la segunda rogativa las losas de San Justo brotaron agua estando el tiempo seco, cosa que causó admiración. El 3 de abril, miércoles santo, llovió muy bien, con lo que se compuso algo el campo pero cesó enseguida y no volvió a llover. Con permiso de la autoridad eclesiástica, José Enríquez de Figueroa, archivero de rentas decimales del serenísimo infante cardenal (Luis de Borbón Farnesio, hermano de Carlos III , el cuál estaba a punto de colgar los hábitos), compuso unas coplas relativas a la situación.
Había pasado más de un mes cuando, el 20 de abril, devolvieron la imagen de Virgen del Val a su ermita. El domingo, día 21, tras celebrar misa y procesión en torno a la iglesia, la Urna de los Niños Mártires se devolvió a su capilla, quedando el pueblo con mucho desconsuelo por no haber llovido. Las rogativas, en este caso, no surtieron efecto.
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