MADERA PARA EL ESCORIAL.

En junio de 1578, Felipe II enviaba al gobernador de Cuba una misiva  para que hiciese cortar y tener a punto la madera que se le había pedido  para cargarla en las embarcaciones  de las flotas de Nueva España y Tierra Firme. Al mismo tiempo se advertía a los generales de ambas flotas,  Álvaro Manrique y  Bartolomé de Villavicencio, que pusieran todo el cuidado en proteger la mercancía durante la travesía.

Se estaba construyendo el monasterio de San Lorenzo el Real y el arquitecto Juan de Herrera había redactado un memorial detallando las especies de madera que se requerían, con sus  medidas, cantidades y otras características.

 Ébano, caoba, cedro, quiebrahachas, acana y guayacán.....Todas ellas han de estar secas, de más tiempo cortadas y de mejor sazón,  en mejores tiempos, más limpias y de mejor veta y hebra y más derechas......Las mejores que se puedan hallar.

En noviembre de 1579 se recibía en El Escorial la primera partida. Había llegado pocos días antes a Sevilla, donde se guardaba el grueso del envío a buen recaudo, en las atarazanas  porque, entre otras razones, había que hacer un recuento pormenorizado como exigía su majestad.

Eran 154 tablones y 300 palos de ébano; estos últimos habían sido transportados  hasta La Habana desde Baracoa, a más de 250 leguas de distancia (unos 1200 km). De acana y quiebrahachas apenas llegaba una muestra para que los entendidos decidieran si era una opción adecuada,  ya que se hiende por medio y recelamos que no ha de ser de provecho....Al mismo tiempo los oficiales informaban que el guayacán no lo hay por esta tierra si no es en el Bayamo, que es a 200 leguas....Y preguntaban si el transporte se haría gastando dineros de la real caja ......o con el trabajo de los negros.

Antes de concluir el encargo fallecía el gobernador de la isla. En una carta fechada en enero de 1580 el rey determinaba  que los oficiales de la isla continuaran  trabajando en quebrar las maderas.

En septiembre de 1582 (año de especial intensidad constructiva) Juan de Herrera escribía al secretario del rey, Antonio de Eraso, solicitando que  hiciera las gestiones pertinentes para conseguir otra partida de  tablones de cedro, acana y caoba, 500 en total, de idénticas dimensiones todos ellos.

La madera procedente de América estaba destinada a  piezas especiales;  el grueso de la utilizada en la construcción del monasterio era de procedencia nacional (pino, roble y nogal)


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