CONTRATIEMPOS Y NAVÍOS.

Juan Martínez de Recalde, general de Mar, recibía un encargo especial de Felipe II para que, partiendo con sus galeones  de Lisboa, se dirigiera a la isla de la Madera,   donde había llegado la flota de Nueva España con una remesa de valiosos  productos. El almirante tenía que cargar  la mercancía y transportarla hasta Sevilla sin dilación, para que los agentes de la Casa de la Contratación la recibieran antes de las navidades de 1581.

Salió  Recalde con dos galeones del marqués de Santa Cruz, acompañado de Andrés Felipe y Hernando de Cáceres  (capitanes) al mando de  trescientos soldados de Infantería. En el puerto de Madeira hubieron de cargar a toda prisa porque se avecinaba una tormenta. Llevaban oro, plata, cochinilla y añil, más gran cantidad de sacas de lana y catorce mil cueros de vaca. Todo ello tasado en  unos 850.000 ducados. 

La espantosa tormenta a la que tuvieron que hacer frente, dañó seriamente el galeón capitana, que corría riesgo de abrirse por la base. Se vieron obligados a tirar al mar mucha cantidad de lana, mil cueros de vaca y algunas piezas de artillería y tras pasar diecisiete o dieciocho días perdidos en el mar, a duras penas consiguieron arribar a la isla de la Gomera con el resto de  la mercancía a salvo. 

Descargaron los galeones y guardaron la carga en una torre de Diego de Ayala y Rojas y de su cuñada Margarita de Monteverde (conde y señora de la Gomera respectivamente). Para reforzar la seguridad del enclave se construyó una trinchera y se fortificó la torre. Una vez a salvo, Martínez de Recalde y su gente aguardaron allí hasta que el rey dispusiera la forma de hacer llegar a Sevilla la mercancía, puesto que los galeones necesitaban reparación y no estaban en condiciones de navegar (24 de diciembre de 1581).

Entretanto, escaseaban los víveres para los soldados y fueron los vecinos y naturales quienes  arrimaron el hombro con carne, pescados, vino... y alojamiento, aunque luego recibieron un pago justo por ello. En  abril de 1582 la mercancía se había transportado en una urcas y  ya estaba  a salvo en Sanlúcar. Los galeones, en Cádiz . El vecindario de la villa de San Sebastián, en la Gomera, se mostraba  satisfecho; la señora jurisdiccional, encantada con el almirante, que ha tenido y tiene sus capitanes y soldados tan quietos y pacíficos que han honrado a todos los vecinos de este pueblo y así mismo ha mandado pagar posadas y bastimentos y mantenimientos muy a contento de los vecinos....Y el conde agradecido porque quedaba  la torre fortificada y en mejores condiciones de defensa.

Poco después Martínez de Recalde recibió el hábito de Santiago de manos de su majestad.


Comentarios

Entradas populares de este blog